El problema

La brecha entre destreza técnica superficial y conciencia crítica de seguridad en Colombia y en el Instituto San Carlos.

Colombia registró 77.666 denuncias por ciberdelito en 2024, frente a 63.249 en 2023: un 23 % más en un solo año, según el balance de la Cámara Colombiana de Informática y Telecomunicaciones con datos del Centro Cibernético de la Policía Nacional (CCIT, 2025). Encabezan la lista el hurto por medios informáticos (37.409 casos), el acceso abusivo a sistemas (16.955) y la violación de datos personales (11.954).

Medellín es la segunda ciudad más afectada del país, con 6.533 denuncias. El delito digital no le ocurre a otra gente en otra parte. En cuanto al volumen de intentos, el país recibió 12.000 millones en 2023 (CCIT, 2024, sobre el reporte de FortiGuard Labs).

La observación que originó el proyecto

En una feria científica de Medellín, en 2024, preguntamos a 50 estudiantes —adolescentes de distintos colegios, todos con teléfono en la mano— si sabían reconocer un correo fraudulento. Ocho levantaron la mano con confianza. Al mostrarles correos de phishing reales, 43 de esos 50 admitieron que probablemente habrían hecho clic en el enlace.

Qué es y qué no es este episodio. Una observación informal, sin instrumento validado ni muestreo, recogida cuando el proyecto apenas se formulaba. No sostiene ninguna conclusión y no se presenta como dato de soporte: es la escena que originó E-DIGNA.

Su valor está en la pregunta que dejó abierta: si esos estudiantes manejaban sus dispositivos con destreza evidente, ¿por qué no sabían defenderse de un engaño de tres líneas? Esa distancia entre destreza y criterio es el problema que E-DIGNA aborda.

El factor IA

La inteligencia artificial generativa no inventó el fraude: abarató su producción y multiplicó su verosimilitud. Europol, UNICRI y Trend Micro documentaron ese giro en 2020, al describir usos delictivos concretos —adivinación de contraseñas, ruptura de CAPTCHA, clonación de voz— y advertir que muchas otras innovaciones maliciosas estaban en camino.

Lo que cambia para un estudiante de secundaria no es la existencia del engaño, sino su calidad. El correo con faltas de ortografía era detectable; el mensaje redactado por un modelo de lenguaje, no. Cuando la señal de alarma tradicional —«se nota que es falso»— deja de funcionar, la única defensa que queda es el criterio.

En el entorno escolar

Durante el período escolar, el investigador observó de manera directa en su propio entorno educativo situaciones que dan rostro a las estadísticas: fraudes por supuestos «préstamos rápidos» ofrecidos en redes sociales, incorporaciones no consentidas a grupos de mensajería, cuentas institucionales comprometidas y contraseñas compartidas entre pares.

Estas son observaciones directas del investigador, no un registro institucional ni un instrumento formal de recolección. Se reportan de forma agregada, sin nombres, grados ni ningún detalle identificable. La población de este proyecto son menores de edad: protegerlos es la primera prueba de coherencia de un trabajo que pretende enseñar cuidado digital.

A esto se suma un vacío curricular: el área de tecnología cubre herramientas ofimáticas y fundamentos de programación, mas no contempla protección frente a amenazas, gestión de la huella digital, verificación de contenido sintético ni uso crítico de la IA. E-DIGNA es la respuesta a esa ausencia.